Una nueva y nutrida visita del heterogéneo y polifacético amotoclub “La Vaca Grasienta” a San Wich. Nos halaga la visita de este ínclito grupo de motoristas por su conocida afición a la buena mesa, afición que comparto. También la de hacer kilómetros con ellos. San Wich, en su infinita devoción por la carretera, originaria de la larga tradición evangelizadora de sus pares, siente como propia la obligación de transmitir los nobles valores moteros al resto del mundo. Desde aquí se ofrece humildemente como patrono de tan insigne amotoclub y su buena gente y, se compromete a saciar su sed con unas buenas cañas. Queda dicho.




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